
Para la Real Academia Española acosar es “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”. Por lo general se comenta que esto ocurre con las mujeres en lugares públicos, pero ¿qué sucede cuando es un hombre a quién se está acosando en un lugar público? A continuación presento algunas historias:
Todo comenzó cuando estaba en un edificio de la facultad de ciencias económicas de la Universidad de El Salvador con un compañero. En ese momento le llegó un mensaje a Messenger en el que le mandaban la fotografía de un pene erecto, él no la había pedido, pero el chico le insistía con el deseo de tener relaciones sexo coitales. No era la primera vez que esto le ocurría, me comentó que esto le sucede en Twitter e Instagram.
Hechos como los del párrafo anterior son considerados como acoso y no son ni de lo más reciente ni de lo más lejano a la realidad. Mi padre me cuenta que en los años ochenta, uno de sus docentes le proponía mantener relaciones sexuales para poder pasar la materia sin tener que exponer ninguno de sus conocimientos. En hechos más recientes, me comentó que en la frontera El Poy un hombre salió desnudo y le pidió mantener relaciones sexuales porque buscaba a alguien que lo pudiese complacer, me dijo que se sintió demasiado incómodo ese momento.
Un amigo, a quien llamaré Jorge, me comentó que, en las afueras de un centro comercial, un indigente le pidió tener relaciones sexuales, la insistencia fue tal que Jorge decidió gritar y en ese momento el hombre decidió correr. Otro chico me contó que ha sido demasiado acosado por homosexuales; el acoso ha ido desde el envío de imágenes de traseros a su bandeja de chat hasta toqueteos de parte del acosador en lugares públicos, acto que le ha molestado y lo ha hecho saber.
Pero, ¿qué hacer en caso de que el acosador es una autoridad de seguridad pública? Este fue mi caso. Cuando tenía catorce años llegué a un comedor en el que se encontraban almorzando doce policías, mientras iba caminando uno de ellos me paró y me preguntó “¿y vos ya te jalás el ganso?”, otro de ellos añadió “vos tenés un buen culo, ¿ya te lo habían dicho?”; la situación fue muy incómoda, ninguno de los agentes hizo algo, sin embargo, tiempo después supe que fueron removidos de sus cargo.
En una ocasión, un grupo de agentes andaba patrullando en la colonia y uno de ellos no quitó su vista de mi trasero, me alejé y él seguía observándome, al menos solo fue hasta ahí. En otro caso, un chico, al que llamaré Elías, fue detenido y revisado una vez por agentes de la PNC, sin embargo, la revisión incluyó que el agente de la policía lo masturbara por un largo rato.
A mediados del mes de agosto salí con mi mejor amigo al Centro de San Salvador, mientras estábamos en la Plaza Gerardo Barrios se nos acercó un hombre y me dijo “ojalá y así estuvieras sentado en mi verga”, posterior a eso el tipo nos comenzó a seguir hasta que mi amigo se subió en un microbús y yo me acerqué a un grupo de soldados que estaban en el Parque San José.
Aunque no todos corren con la misma suerte. David ha sufrido acoso en la universidad, en el trabajo, en el transporte público e innumerables lugares, pero el caso más perturbador fue el de un chico que lo comenzó a seguir a tal punto que se subía en el mismo autobús que él, aunque luego tuviera que subirse en otra ruta para poder ir a su casa de regreso. David me expresó que el chico dejó de hacerlo, pero él se sintió inseguro.
Un caso similar le ocurrió a mi padre, mientras era motorista en una ruta de autobuses había un hombre que siempre esperaba que él pasara en el autobús por la parada de buses para subir y tomarle la mano. Es decir, el hombre subía y al pagar el pasaje decidía tomar la mano de mi padre por un rato, un día mi padre se cansó de la acción y tomó la iniciativa de poner un alto, cosa con la cual el hombre se ofendió.
Sin embargo, hay casos que son más excesivos y que nos hacen ver que estamos en riesgo. Enrique me expresó que en una parroquia un chico lo intentó besar, le dijo que él tiene ricos labios y le ofreció ir a los baños para practicarle sexo oral. Otro chico ha sido perseguido insistentemente por distintos hombres, en cierta ocasión uno amenazó con atropellarlo, esto en la Calle Arce del Centro de San Salvador.
El caso de acoso más reciente le ocurrió en las instalaciones de una universidad ubicada en la calle antes mencionada. Ahí, un tipo lo comenzó a seguir insistentemente por todo el edificio y no paró de seguirlo hasta que el acosador se cansó. A esto se le añaden ciertos chicos pervertidos que deciden espiar a hombres en baños públicos mientras orinan, situaciones que tienden a ser incómodas para quienes las viven.
La conclusión de todas estas experiencias es que el acoso no solo se ve presente hacia las mujeres, sino que también el acoso le puede ocurrir a los hombres en cualquier lugar. Lo más correcto es denunciar con la Policía Nacional Civil, aunque si el acosador forma parte de una institución de seguridad, lo correcto es ir al Tribunal de Ética Gubernamental.
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