El presente artículo no tiene la intención de generar odio, al contrario solo es una forma de concientización con respecto a que los crímenes no van orientados solo a la comunidad LGBT+.
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| Foto de elmundo.es |
El 5 de diciembre de 2019 la revista PRESENTES publicó un artículo llamado “La última noche de Camila, trans perseguida por pandillas y asesinada por la Policía”. Siendo sincero, el artículo me pareció una estupidez, existe una victimización demasiado grande hacia la “comunidad”, que de hecho no debería denominarse comunidad, el hecho de compartir una única cosa no significa que ya se convierta en comunidad, sería como crear la “comunidad Dark” en la cual a todos les gusta el negro.
Pero, ¿por qué la nota es una estupidez? Hay demasiados párrafos que me comunican que no todo estaba razonado de la forma correcta dentro del planteamiento de la vida de Camila y esta fue una conclusión a la que llegamos con un amigo. Primero, hablamos de un chico que nació en Santa María Ostuma, La Paz; era el segundo hijo de dos religiosos que le trataron bien a pesar de estar conscientes de que su hijo no seguía los mandamientos de Dios, además de que él no se ofendía si lo discriminaban por su orientación sexual.
Segundo, tenemos el caso de un chico que no encaja en el entorno que lo rodea en su pueblo a causa del machismo que se mantiene en las regiones rurales del país, por lo cual decide viajar a la capital para residir en San Salvador y encontrar mejores oportunidades, además de encajar, aunque ocurrió todo lo contrario y aquí comienza la realidad nacional que no abarca a un colectivo de personas con orientaciones distintas, sino que es de todos los salvadoreños.
Él comenzó a vivir con uno de sus primos, mientras tanto trabajaba como prostituto. Sin embargo, esto de vivir con su primo terminó por convertirse en agresiones y que él se fuera a vivir con una pareja de transgénero a Mejicanos. Ahí, fueron víctimas de amenazas por parte de grupos delictivos que les sacaron de la colonia donde residían y el día en que uno de los transgénero llegó a la colonia fue abatido a balazos porque no podía llegar ahí. Se fue a vivir con una prima en Ilopango de donde también les sacaron, cabe aclarar que nunca dejó la prostitución.
Tiempo después viaja a México para pedir asilo y quiere comenzar con la prostitución, pero un grupo de inmigrantes hondureñas nos le deja, ella buscó otras formas de poder mantenerse, pero no puedo conseguir ningún empleo “por su condición”. Regresa a Santa María Ostuma y ahí decide pedir asilo en los Estados Unidos donde no tenía a nadie que le recibiera, ni donde vivir, por lo que le fue negado el asilo.
Regresando a El Salvador comenzó a trabajar en una pupusería, decidió emprender su propio negocio, pero no pudo por los largos procesos, por lo cual regresó a la prostitución. Finalmente, un día salió con un amigo y tomó bebidas embriagantes, bajo su efecto comenzó a causar desorden en la colonia Médica de San Salvador. Ahí un grupo de policías le propicia una golpiza y lo llevan al kilómetro cinco del Bulevar Constitución donde le arrojan de la patrulla en movimiento.
Días después de que este desapareció lo comienzan a buscar en todos los lugares posibles mostrando su fotografía, llegando al Hospital Rosales una de las doctoras lo reconoce y dice que lo pueden buscar en el Instituto de Medicina Legal, ahí encuentran su cadáver y “su rostro tenía golpes en la boca, frente y ojos. Su espalda presentaba en el lado derecho, una herida profunda. El glúteo derecho quedó desprendido apenas colgaba por un hilo de piel. El antebrazo izquierdo estaba partido en dos y sus órganos vitales del abdomen habían sufrido lesiones traumáticas severas”.
En cualquier país que no sea latinoamericano esto puede ser considerado un crimen en contra de la comunidad LGBT+, pero aquí en El Salvador ocurren una serie de hechos que vuelven a este crimen un homicidio más. De por sí, las prostitutas tienen más contacto con los grupos delictivos porque tienen su vida en las calles, de modo que no pueden vivir en cualquier colonia.
Además, se demuestra de forma que los obligan a salir de la colonia donde residen, pero eso ocurre con la mayoría de personas. No solo con un colectivo, además ¿el maltrato de los policías? Eso no es algo que se dé porque la persona es “diferente”. Han existido casos en los cuales agentes de la policía llevan a un delincuente de un sector a uno contrario para que este sea ejecutado o lo lanzan en lugares solos mientras la patrulla está en movimiento, por lo cual esto no es exclusivo de un grupo de personas.
Debo decir que es una lástima lo que ocurrió con él, Camila, pero un verdadero crimen en contra de la comunidad LGBT+ sería que ocurra un tiroteo en algún bar que frecuenten o en cualquiera de los saunas que existen en la capital. Por cierto, el artículo menciona que los agentes de la policía violan a las prostitutas transgénero y les humillan grabándoles en vídeo, pero también es algo que le ocurre a las prostitutas que son mujeres buscando una forma de sobrevivir.

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