En cierta ocasión Jesús tenía sed y le pidió agua a una mujer que se extrañó porque un judío le pedía agua a una samaritana, terminaron hablando sobre la alabanza y él respondió algo curioso, Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que lo adoran, para que lo adoren como se debe, tienen que ser guiados por el Espíritu. Se acerca el tiempo en que los que adoran a Dios el Padre lo harán como se debe, guiados por el Espíritu, porque así es como el Padre quiere ser adorado. ¡Y ese tiempo ya ha llegado!” (Juan 4:23-24, Traducción al Lenguaje Actual [TLA]).
Lo primero que Él resalta es que “Dios es espíritu”, no lo podemos ver, pero Él siente, Él está ahí. Con el hecho de que Dios siente nos dice mucho, nos da a entender que Dios tiene un estado emocional, es más David dijo: “mi Dios es muy tierno y bondadoso; no se enoja fácilmente, y es muy grande su amor. No nos reprende todo el tiempo ni nos guarda rencor para siempre. No nos castigó como merecían nuestros pecados y maldades” (Salmos 103:8-10, TLA).
David supo distinguir las características de Dios y cuenta que su Dios “es muy tierno y bondadoso; no se enoja fácilmente”, de hecho, coincide bastante con lo dicho por Jeremías en Lamentaciones 3:22-23, cuando el profeta expresa que “el gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!” (Nueva Versión Internacional [NVI]).
Ellos, probablemente, no sabiendo lo que expresó Jesús nos conducen a la siguiente parte donde Jesús explica que solamente los guiados por el Espíritu Santo pueden adorar a Dios como se debe. La definición que se nos muestra sobre adorar, actualmente, es “gustar mucho de algo o sentir gran admiración por alguien”, aquí es donde nos debemos preguntar si nosotros realmente gustamos de buscar a Dios o no, porque Dios busca personas que se dejen guiar.
Más allá de lo que expresó David en Salmos 150, sobre los instrumentos con los que se debe alabar a Dios o en Salmos 100 donde habla sobre el gozo que debe existir al ir al templo, debemos tomar en cuenta algo, ¿qué es lo que le gusta a Dios? 1 Samuel 15:22 nos cuenta que Samuel le dijo a Saúl que “a Dios le agrada más que lo obedezcan, y no que le traigan ofrendas. Es mejor obedecerlo que ofrecerle los mejores animales” (TLA).
Jesús planteó dos únicos mandamientos: “el primer mandamiento, y el más importante, es el que dice así: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres”. Y el segundo mandamiento en importancia es parecido a ese, y dice así: “Cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo.”” (Mateo 22:37-39, TLA).
Retrocediendo en dicho relato y descontextualizando un poco, podemos recordar que Jesús le pidió a la mujer que llevara a su esposo, la mujer dijo que no tenía esposo y Jesús le respondió que había tenido varios y que el actual no era su esposo. Podemos interpretar esto como un compromiso o un mandamiento y decir que no tenemos ninguno y haber tenido muchos y el que nos ocupa tiempo actualmente, ni siquiera es nuestro.
Es algo notable que a Dios le agrada que nos enfoquemos en él y es que tenía que presentar a su esposo delante de Jesús para que este le diera el agua con la cual no tendría sed jamás. Así, Abraham tuvo que dejar a un lado a su familia para enfocarse en el llamado de Dios, Eliseo dejó los campos para ser un profeta y los discípulos dejaron a un lado lo que hacían para consagrarse como fieles seguidores de Jesús.
No solo lo que le decimos a Dios es lo que importa, importa también lo que nosotros hacemos y es que “todo el mundo cree hacer lo mejor, pero Dios juzga las intenciones” (Proverbios 21:2, TLA), de modo que “'cada uno debe dar según crea que deba hacerlo. No tenemos que dar con tristeza ni por obligación. ¡Dios ama al que da con alegría!” (2 Corintios 9:7, TLA).
Si nosotros nos presentamos de manera voluntaria para ayudar, será mejor que ayudar porque nos sentimos obligados a hacerlo. Es de esta forma en que Dios se alegra con nosotros y nos cuida, “pues tu Dios está contigo y con su poder te salvará. Aunque no necesita de palabras para demostrarte que te ama, con cantos de alegría te expresará la felicidad que le haces sentir” (Sofonías 3:17, TLA).
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